Sunday, September 8, 2019

Septiembre, de Hermann Hesse

También en la costa central californiana el verano tiembla hacia su fin; pero no se vive en ella la nostalgia por el esplendor del verano porque no hay lluvia fría sobre las flores ni el jardín está triste.

Como quiera que sea, el recuerdo del poema Septiembre, de Hermann Hesse (1877-1962) retorna una vez más, exaltado por la música de Richard Strauss (1864-1949)  en su conmovedor ciclo Cuatro últimas canciones, tan preciado por quienes contamos la edad que alcanzaron el músico y el poeta. 


SEPTIEMBRE


El jardín está triste, 
la fría lluvia pesa sobre las flores.
El verano tiembla 
dulcemente hacia su fin.

Doradas, gota a gota, caen las hojas
de lo alto de la acacia.
El verano sonríe, sorprendido y cansado,
entre el sueño de los jardines que se mueren.

Largamente, entre las rosas 
se detiene todavía, desea el reposo.
Lentamente cierra 
sus ya cansados ojos.

* 
SEPTEMBER 

Der Garten trauert, 
kühl sinkt in die Blumen der Regen.
Der Sommer schauert 
Still seinem Ende entgegen.

Golden tropft Blatt um Blatt 
nieder vom hohen Akazienbaum.
Sommer lächelt erstaunt und matt
in den sterbenden Gartentraum.

Lange noch bei den Rosen 
bleibt er stehen, sehnt sich nach Ruh.
Langsam tut er die (grossen) 
müdgewordnen Augen zu.


Thursday, September 5, 2019

Cuatro últimas canciones

Una cumbre del Himalaya de la música 

                            Para Mónica Alducin 

Escuché el martes 3 de septiembre una de las mejores emisiones de todos los tiempos del programa La otra versión, de la estación Opus 94 del Instituto Mexicano de la Radio, dirigido por Javier Platas Jaramillo.

Estuvo consagrado a Vier letzte Lieder (Cuatro últimas canciones), compuestas por Richard Strauss (1864-1949) poco tiempo antes de su muerte, ocurrida a la edad de 85 años, 2 meses y 28 días. 

Los invitados, Otto Cázares y Berenice Ramírez Lago, afirmaron que hay 84 versiones de estos lieder que aun cuando fueron compuestos en forma aislada, terminaron formando un ciclo.

El editor inglés Ernst Roth tuvo la acertada decisión de considerar que la canción Im Abendrot (En el ocaso), de Joseph von Eichendorff (1788-1857) podía formar un ciclo con las canciones Frühling (Primavera), September (Septiembre) y Beim Schlafengehen (­Al ir a dormir), sobre poemas de Hermann Hesse (1877-1962). 

De aquellas 84 versiones de Vier letzte Lieder de las que habían hablado, escogieron estas cuatro: 

  • Elisabeth Schwarzkopf con la Orquesta de la Radio de Berlín

  • Jessye Norman, Orquesta del Gewandhaus de Leipzig, dirigida por Kurt Massur

  • Renée Fleming, Orquesta Filarmónica de Munich, dirigida por Christian Thielmann

  • Anna Netrebko, Orquesta Staastkapelle de Berlín, dirigida por Daniel Barenboim

Profundamente conmovido, llamé por teléfono al programa para afirmar que las Cuatro últimas canciones son una cumbre en el Himalaya de la música. Tuve la impresión de que les pareció curiosa y quizá hasta un poco cursi esta afirmación. Yo así lo considero porque la inspiración de los poetas y el músico ascienden más allá de la atmósfera. Bien pude haber dicho también que por su profundidad, las Cuatro últimas canciones equivalen a la fosa de las  Marianas, en el Pacífico.

Aficionado como soy a la comparación de versiones y por tanto fiel radioescucha de este programa, debo manifestar que con mucho la preferida en esta ocasión fue la de Anna Netrebko y Daniel Barenboim. Pero debo tener en cuenta que en gran parte esta preferencia obedece a que se trata de una grabación moderna, realizada en el 2014. En numerosas ocasiones privilegio las grabaciones modernas, realizadas con alta tecnología, sobre las grabaciones antiguas, que por muy histórica que puedan ser, carecen de calidad sonora. 

A esta confesión añado que la canción En el ocaso es con mucho mi preferida. Es más: ninguna obra de Strauss me conmueve como esta, en la que el compositor vive intensamente pero con absoluta tranquilidad los postreros fulgores del ocaso; cita su poema sinfónico Muerte y transfiguración, rinde un último homenaje a la voz de soprano y al entrañable timbre del corno, lo que constituye una evidente referencia al instrumento que tocó su padre.

Pocas veces en la historia del arte hay una conjunción tan asombrosa de la música y la poesía en que la sencillez y la autenticidad juegan un papel muy importante.


EN EL CREPÚSCULO

Con penas y alegrías, 
mano a mano, hemos caminado.
Reposemos ahora de nuestros viajes,
en la tranquila campiña.

A nuestro alrededor se inclinan los valles,
ya la brisa se ensombrece.
Solo dos alondras alzan todavía el vuelo
soñando de nuevo en el oloroso aire.

Acércate y déjalas trinar,
pronto será hora de dormir,
para que no podamos perdernos
en esta soledad.

Oh, inmensa y dulce paz,
tan profunda en la puesta de sol,
qué fatigados estamos por haber caminado.
¿Será esta, entonces, la muerte?



**

Este programa me recordó nuevamente la deliciosa exageración del autor de Cien años de soledad: "Lo único mejor que la música es hablar de música". No solo se disfrutó una de las obras maestras de Richard Strauss, sino que también se habló con amenidad y profundo conocimiento de causa de sus óperas y poemas sinfónicos; de su importancia en la música del siglo XX;  de su vida doméstica; su postura en torno del régimen nacionalsocialista y su relación con Hermann Hesse...

A tal grado fue interesante esta exposición y tan conmovedoras las interpretaciones de Vier letzte Lieder, que no me desprendí un solo momento del programa entre las 17 y las 19, hora de California, dos menos que en la Ciudad de México. 

Del hecho de que este programa no resulta solamente de interés para melómanos competentes sino para aficionados principiantes, dio testimonio la llamada telefónica de Vanesa, una jovencita de 14 años que apenas abría sus oídos a la gran música pero que evidentemente ya había quedado atrapada por ella.





Monday, August 26, 2019

¡La Novena de Beethoven!


En el libro The Symphony, de Ralph Hill (Pelican Books, 1951) encontramos la devastadora crítica a la Sinfonía número 9 opus 125 de Ludwig van Beethoven en el sentido de que después de tres movimientos de excelente factura, el compositor concluye su sinfonía con un movimiento populachero de dudoso gusto.

Este comentario parece estar en la línea de otra opinión de acritud extrema, en este caso por parte de José Antonio Alcaraz (1938-2001): "Beethoven se quedó sordo para no escuchar las mamarrachadas que componía". 

Siempre me ha parecido que lo dijo impulsado por uno de esos afanes tan característicos de su personalidad de provocador de escándalos y controversias. De esto me da la pista el hecho de que uno de los análisis más lúcidos jamás escritos sobre la Sinfonía número 3, denominada Eroica de Beethoven sea de la autoría del afamado crítico, autor, musicólogo y compositor. 

No he de alabar a Beethoven porque ya lo hizo Carlos Chávez (1899-1978) al considerarlo el "indiscutible genio universal" y Richard Wagner (1813-1883) definió así su declaración de principios: "Creo en Dios, en Mozart y en Beethoven". Pero sí diré que me regocija la decisión beetoveniana de concluir su sinfonía con un magistral tejido en torno de una "simple tonadilla" que merece convertirse en el himno popular de la humanidad. 

Gustav Mahler (1860-1911), genio a la altura de Beethoven, concluyó su Sinfonía número 4 en forma similar: tras el tercer movimiento Ruhevoll, poco adagio (Tranquilo, poco adagio), una de las cumbres de la música mahleriana, recurre a la deliciosa canción "La vida celestial", de El cuerno mágico del doncel. 

José Antonio Alcaraz consideraba la Cuarta de Mahler como la joya de su producción sinfónica. 

Entre las de Beethoven, el autor de este blog daría su voto por la Novena y así lo dijo en la entrada Mi sinfonía favorita. 







Sunday, August 25, 2019

En la Puerta de Brandenburgo

Para Fanny Contreras 


La Sinfonía número 9 en re menor, denominada Coral opus 125 de Ludwig van Beethoven (1770-1827) es una obra que ha acompañado a lo largo de su existencia a una multitud que va desde los melómanos más sofisticados hasta los aficionados más sencillos.

La melodía del "Himno a la alegría", que  en los Juegos de la XIX Olimpiada México 1968 representó a las dos repúblicas de la entonces dividida Alemania ha sido adoptada en muchas partes del mundo porque la letra que lo inspiró exalta la fraternidad universal:

¡Abrácense, millones de seres!
(Seid umschlungen, Millionen!)

"Todos los hombres serán hermanos". 
(Alle Menschen werden Brüder) 

Para expresiones como estas, tomadas de la Oda a la alegría, de Friedrich Schiller (1759-1805), creó Beethoven una música deliberadamente sencilla y cautivadora, de ahí su inmensa popularidad. Y lo hizo tras tres movimientos de una intensidad que contiene el aliento.

La Novena sinfonía, hay que insistir, es un legado universal que trasciende la época y la nacionalidad de su creador, como son también el Quijote, Hamlet, la Divina comedia o la Ilíada y la Odisea. 

Es la Novena sinfonía, en otro orden de ideas, un tesoro  para la cultura de la humanidad como lo son para el planeta la Amazonia, su principal pulmón, y el Mar de Cortés, considerado el acuario del mundo  por Jacques-Yves Cousteau (1910-1997).  

Dada la excepcional importancia de la Novena sinfonía, el concierto de la Filarmónica de Berlín realizado el sábado 24 de agosto de este año en la Puerta de Brandenburgo, símbolo de Berlín y de la misma Alemania, se ha convertido en un acontecimiento histórico: no solamente asistió a él una enorme multitud, sino que fue transmitido en vivo por internet a todos los países del orbe. 

A las 8 de la noche, hora de Berlín; 2 de la tarde de Nueva York; 3 de la madrugada del sábado 25 de Tokio; 1 de la tarde en Monterrey, Mécico; 11 de la mañana en California; 3 de la tarde en Buenos Aires... comenzó esta fiesta universal constituida exclusivamente por la Novena sinfonía, dirigida por Kirill Petrenko. 

La fiesta culminó con la "Oda a la alegría", del cuarto movimiento que invita al abrazo de todos los seres humanos. ¡Gracias, Beethoven"

Muy significativo es el hecho de que el director titular de la Filarmónica de Berlín, Kirill Petrenko, es un músico nacido en la Unión Soviética 27 años después de la caída de Berlin, en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial, y solamente 18 años antes de que se festejara en 1990 la reunificación de Alemania, en la Puerta de Brandenburgo, símbolo del país que se levantó de sus cenizas.

Qué afortunados fuimos quienes tuvimos la dicha de acompañar a la multitud desde nuestras pantallas en este concierto que quedará para perpetua memoria, ya. que tiene el efecto de una bienhechora brisa de esperanza que en algo alivia la asfixiante atmósfera que suele cernirse sobre muchos países.

¡Abracémonos millones de criaturas!

Post scriptum 

Agradezco a Josefina Cabrera-Moreno su auxilio cibernético gracias al cual pude disfrutar este concierto. 








Thursday, August 15, 2019

Hablar de música

Aseguraba Gabriel García Márquez  que lo único mejor que la música es hablar de música.

Cuando cité está afirmación a Ronald Zollman, el director de orquesta me respondió: "Yo  preferiría decir que mejor que hablar de música es la música  misma". Esto es rigurosamente cierto, aun cuando no capta el júbilo desenfadado de García Ascot.  

El programa La otra versión del la estación Opus 94.5 FM del Instituto Mexicano de la Radio, dirigido por Javier Platas Jaramillo, constituye la más feliz conjunción de una y otra posturas. Al fino deleite de la música, arte a cuya condición aspiran todas las artes según Walter Pater (1839-1894), se une el regocijo de hablar sobre ella en una forma tan positiva que conduce al melófilo a una mejor comprensión de este.

 Así pude comprobarlo recientemente cuando se hablaba de silencios conmovedores en la música, entre los cuales yo proponía algunos ejemplos en obras de Chopin, Chaikovski, Handel y Mahler. Javier Platas añadió un par de casos notables en los que el silencio se transforme en la expresión más elocuente. "Inefable" la llamó. El más notable es el repentino, prolongado silencio tras un fortissimo, que precede al asombroso clímax en pianissimo del Cuarteto en si menor, del  Adagio para cuerdas y del Angelus, de Samuel Barber (1910-1981). Estas dos últimas obras nacieron de aquel. 

Confieso que aun cuando conozco desde tiempo inmemorial las tres obras, no recordaba ese egregio, estremecedor pasaje presente en ellas. . 

 Al terminar el programa corrí a mi iPad para escuchar con  profunda atención estas obras del compositor estadounidense al que tengo en el mayor de los aprecios. 

El hecho de que sea tan notable el pasaje del silencio repentino y me haya olvidado de él, me produce cierta desconfianza de mi memoria, pero espero que esto no sea el anuncio de doliente senectud.

Post scriptum 

Resulta de elemental justicia que exprese mi gratitud a Javier Platas y a esta benemérita estación radiodifusora que, a 3,000 km de distancia de ella, reaviva mi amor por la música y la nostalgia por mi patria.






Wednesday, August 14, 2019

Agustín Lara: "Lo quiere Dios"

Entre otros recuerdos de mi infancia relacionados con Ángel Agustín María Carlos Fausto Mariano Alfonso del Sagrado Corazón de Jesús Lara y Aguirre del Pino (1900-1970),  se encuentran los siguientes:

En una ocasión en la que de niño iba de la mano de mi papá, se detuvo a comprar el Excélsior y me enseñó un encabezado que decía: "Agustín Lara, como caballero, acepta su derrota sentimental". Así daba cuenta el periódico del rompimiento con María Félix .

En otra ocasión, mis tíos maternos invitaron a mis padres, al centro nocturno de espectáculos El Patio, de la calle de Atenas en Ciudad de México,  muy prestigiado porque, entre otros personajes, solía actuar Agustín Lara. 

Me contó mi mamá que durante su presentación, el músico poeta hizo una pausa en sus interpretaciones para decir a la concurrencia que como era muy respetuoso de las creencias religiosas, no deseaba ofender a nadie con esta expresión de su bolero Palabras de mujer: 

"Aunque no quieras tú, ni quiera yo, ni quiera Dios y hasta la eternidad te seguirá mi amor".

 Por tanto, quería saber si el público consideraba conveniente que la modificara. A gritos, una multitud prorrumpió: "Déjala así". 

Aun cuando mi madre se opuso en voz baja a la opinión generalizada, como también lo hicieron mi padre y mis tíos, se consideró cómplice.  Esa noche, doña Carmen tuvo una pesadilla en la que unos ángeles, portadores de mangueras de fuego, exterminaban a todos los blasfemos asistentes.

Semanas después, se sintió aliviada cuando  Agustín Lara optó por decir:


"Aunque no quieras tú, ni quiera yo, lo quiere Dios..."

Tuesday, August 13, 2019

Roma, de Alfonso Cuarón

                               Roma

Algo debe de tener la colonia Roma de la Ciudad de México porque su carisma fue definitivo para que Alfonso Cuarón podujera una película que, en palabras de Jesús Reyes Heroles, tiene una importancia tan grande en la cultura mexicana como la que han tenido El laberinto de la soledad de Octavio Paz; Pedro Páramo, de Juan Rulfo, y los murales de José Clemente Orozco.

En la avenida arbolada que hoy día se llama Álvaro Obregón y es una de las más hermosas de la urbe, vivió el zacatecano Ramón López Velarde y en ella partió rumbo a la eternidad.

Como ya lo he dicho ¡más de cuatro veces!, en una de las calles de la colonia Roma, la de Coahuila, tuve conciencia plena, a los seis años de mi edad, de que había sido invitado a participar en el misterio gozoso de la vida y me asomaba con creciente asombro a los dones ofrecidos.

Una de las maravillas que me esperaban se anunció el día en que escuché en la tienda del esquina, centro de reunión de vecinos y amigos Como era la costumbre de la época, que había sido exhibida una película de una modernidad y un adelanto técnico asombroso que superaba a todas las producidas anteriores de Walt Disney. No solamente tenía la ventaja de ser en color, sino que contaba con música clásica a cuyo derredor ocurrían las historias. Mi imaginación se echó a caminar en ese momento. Deseé vivamente que mis padres me llevaran a verla, pero esto sucedió varios años después. Para asombro mío superó todas mis anhelantes expectativas, sobre todo porque ya para entonces había sido atrapado de por vida por la buena música, música clásica o música de concierto, como quiera llamársele.

Fantasía, producida en 1940, me ha acompañado a lo largo de mi existencia y sigue siendo mi película favorita.

Durante muchos años, los lugares segundo y tercero en mi predilección fueron Le défroqué (El renegado), una producción francesa de 1954, y El salario del miedo, francoitaliana, de 1953.

Roma has desplazado a El renegado del segundo al tercer lugar y El salario del miedo ha quedado eliminada.

Si no fuera porque Fantasía ha significado tanto en mi vida, le daría el primer lugar a la película de Cuarón.